sueña

Que los sueños se cumplen

domingo, 7 de abril de 2013

Capitulo 1

 La casa estaba infectada por la alta sociedad del siglo XXI, el dinero de mi familia nunca había sido un problema para mí, todo lo contrario, podía conseguir ropa de las tiendas más caras de la ciudad todas las semanas, y mi paga y era mucho más elevada que la del resto de los chicos de mi edad, pero si era un problema cuando mi padre organizada esas "Fiestas" en nuestra casa, venían todos sus compañeros de trabajo, negociantes, y amigos, que por supuesto yo no conocía, ni tenía la mínima intención de hacerlo. Para cualquier chica de mi edad, vivir en estas condiciones habría sido un sueño, ropa todas las semanas, paga excesivamente alta, y esas fiestas en donde solo se servía champán y platos exquisitos que el resto de la población no podía permitirse. Parecía de la realeza, pero sin tener ningún contacto con la familia real, aunque habría apostado lo que fuera a que en las fiestas que realizaba el rey no había tanta gente dispuesta a hacer lo que fuera para mencionar a que se dedicaba y cuanto ganaba con ello, solo para creerse más importante.
Lo único "Bueno" si se le puede llamar así, de esta fiesta era que Daniella y Abie también estaban, ellas también pertenecían a esta sofisticada sociedad, pero siempre hay una excepción que confirma la regla, en este caso eran dos.
Estábamos sentadas en una de las grandes mesas redondas situadas en el jardín, junto a muchas más chicas, algunas eran hijas de los empresarios, otras de los negociantes, y algunas eran compañeras de clase, aunque no sabía de quien eran hijas. Mi colegio era de pago, bastante caro, a si que muchos conocían a mi padre, las personas con dinero se juntan con más personas con dinero, eso parecía ser ley de vida. Conocía a mis compañeras, pero de ninguna manera me interesaba por ellas, eran muy superficiales para mí.
El jardín estaba repleto de flores, camareros y hombres fumando puros, las mujeres lucían elegantes vestidos, demasiados cargados para mi gusto. Mi vestido me apretaba el pecho, mi madre se había empeñado en taparlo, no es que estuviera muy dotada de la parte superior de mi adomen, pero estaba tan apretado que me costaba respirar. El vestido era rosa, según mi madre parecía "Una princesa" pero para mi gusto estaba ridícula, me habían planchado mi largo cabello contra mi voluntad, y ahora se encontraba liso.
Yo nunca había sido una hija ejemplar para mi madre, ella quería una princesa que encajara en la alta sociedad, que vistiera de rosa y los modales fueran su fuerte, en vez de eso me tenía a mí, prefería los pantalones cortos, y las camisetas pegadas resaltando mi figura de una manera inadecuada, ella siempre quería que amara las fiestas que hacía, y amaba las fiestas, pero no estas, eran numerosas las veces que me había escapado a mitad de la noche y había vuelto de madrugada, pero ellos no estaban al tanto de esos detalles, tan solo me veían como una chica rebelde que no quiere ponerse los vestidos rosas que le compra su madre. Parecían confiar mucho en mí, pero no les quedaba otra, no estaban casi nunca en casa, y es mucho decir, a si que yo hacía lo que me apetecía, y estoy segura de que se olían algo de esto, pero el trabajo era mucho más importante que su hija, y yo estaba feliz por eso.
-¿Qué te ocurre?- Dijo Daniella al verme presionarme el pecho hacia dentro.
-Odio este vestido.-Confesé.-Me aprieta demasiado.
-Ya... no quería decírtelo, pero te hace el pecho plano.-Puso una cara de culpabilidad, por decir algo de lo que había estado pensando toda la tarde.
-¡Me han planchado el pelo!- Le dije con un poco de furia. Dani levantó el mantel que cubría mis piernas y observó lo que llevaba por zapatos.
-¿Te has puesto las Vans?¿Con el vestido?-Me miró como si estuviera cometiendo un delito, y me sorprendió, porque Dani estaba al tanto de todas las locuras que había cometido, y sabía que ponerme unas Vans para fastidiar a mi madre no era ni mucho menos lo peor que había hecho.
-A tu madre no le va a hacer ninguna gracia.-Añadió.
-Esacto.-Dije.
Mientras estábamos hablando, Abie se acercó con un gran entusiasmo en sus grandes ojos marrones.
-¿Habéis visto a los hijos del primer ministro?- Dijo moviendo las manos frente a su rostro y sacudiéndose su vestido rojo que resaltaba su perfecto cuerpo. Alcé la mirada para buscar a los chicos de los que mi amiga estaba hablado, ella señalo hacia dos chicos trajeados, uno de nuestra edad y el otro parecía tener uno o dos años más que nosotras. Sus cabellos estaban imprendados de gomina, y el más mayor sostenía un vaso de champán entre sus manos, a si que supuse que tendría una edad entorno a diecinueve años.
-Pijos.-Gruñí por debajo.
-Venga tía.- Se quejó Abie.-Con lo que te gustan a ti los chicos.-Añadió.
-Me gustan los chicos, no los pegotes de gomina con traje.
-Tía, venga, que son muy majos, ya verás.-Insistió Abie.
-Ir vosotras, de verdad.-Les dije.
-¿No te importa que te dejemos sola?-Preguntó Dani.
-Para nada.-Dije moviendo la cabeza.-Tengo el ángulo perfecto para ver la reacción de la mujer del concejal al tomarse el caviar con laxante.-Solté una pequeña risita.
-¿Le has echado laxante al caviar?-Preguntó Dani sorprendida, sus grandes ojos azules expresaban admiración, y su boca estaba ligeramente abierta. Me puse el dedo índice en la boca y murmuré un "Shh" y a continuación dije:
-Es un secreto.
-Te la vas a cargar.-Me avisó Abie, pero yo le dediqué una sonrisa y me centré en mirar a la señora. Dani y Abie se alejaron, y yo me encontraba sola, rodeada de niñas tontas, y madres con las bocas operadas.
La idea de ver a la mujer del concejal cagarse viva por el laxánte no me parecía tan divertido, a si que me puse a inspecionar, mirando a cada uno de los invitados a la fiesta. Lo mismo de siempre, hombres con puros, trajeados, y repletos de gomina, mujeres rubias, con vestidos muy cargados y 40 kilos de maquillaje. Un chicos llamó mi atención, lucía una camisa blanca que se ajustaba perfectamente a sus adominales, no llevaba corbata, y su pelo estaba alborotado, sus rizos le caían por la frente, lo suficientemente corto para ver sus ojos verdosos, sus pantalones eran negros, de etiqueta, llevaba unos zapatos terminados en punta, sería la costumbre, y el contagio de tantas fiestas de este tipo, pero pude adivinar que sus zapatos no eran de piel, y el coste de su ropa no era tan elevado como los de el resto de la fiesta. Definitivamente ese chico no era de aquí.
Estaba sentado en una mesa rodeado de chicas de mi edad, todas estaban embobadas mirándole, y el parecía estar satisfecho. Él miró hacia mí, mientra una de las chicas le hablaba, sus ojos se encontraron con los míos, su mirada parecía esconder muchas cosas, se permitió el lujo de mirar la parte situada debajo de mi cuello, sabiendo perfectamente que yo estaba al tanto de donde posaba su mirada. Me escaneó de arriba a bajo, y llegó otra vez hasta mis ojos, instintívamente, aparté mis ojos de él, y los posé hacia abajo, en mis manos. Solté el aire que no estaba al tanto de que estaba conteniendo, y me propuse relajarme. Menudo imbécil, en cualquier otra ocasión, hubiera ido hasta él y le hubiera abofeteado la cara, pero mi pulso estaba bastante acelerado, y no quería montar un escándalo. Pasaron dos minutos hasta que pude relajarme, y decidí mirar hacia el chico que me había observado descaradamente, pero ya no estaba.
Miré mi relog, eran más de las seis, hora de largarse de aquí, avisé a Dani y Abie de que iba a cambiarme, no aguantaba mucho más aquí, nada más quitarme este estúpido vestido iríamos a la zona de la costa, a buscar chicos.
Me dirigía a la entrada principal de mi casa cuando alguien me agarró del brazo suavemente.
-¿A donde vas?-Me dijo Dan. Dan era el hijo de uno de los compañeros de trabajo de mi padre, el perfecto candidato para convertirse en mi novio según mi madre, y por lo que parecía, según Dan también. Tenía el pelo castaño oscuro, cubierto por una gran capa de gomina, que dejaban al descubierto sus ojos color miel, para decir verdad, era bastante guapo, y plasta.
-Me voy.-Dije sin dar más explicaciones.
-Si te vas a cambiar, te acompaño, apuesto lo que sea a que ese vestido te aprieta demasiado el pecho.-Me guiñó el ojo. Otra de las cosas que también era Dan, era un maleducado. Alcé mi dedo corazón para después darme la vuelta y continuar mi camino.
Subí la escalera de caracol que daba a la segunda planta, a la izquierda se encontraba el cuarto de mi hermana, y seguido por un largo pasillo, el mío. Abrí la puerta de mi cuarto, para ir directa al armario, pero para mi sorpresa alguien más estaba allí.
El chico del pelo rizado estaba situado de pie, frente a mi armario, registrando uno de los cajones. Pude observar con esactitud que registraba en mi cajón de la ropa interior. Me quedé paralizada al verlo, y de nuevo mi respiración se agitó.
-¿Q-que haces?-Tartamudeé. Él sonrió, su sonrisa era pícara, y siguió registrando.
-¿Estás robando?-Pregunté. El volvió a sonreir, está vez mirándome de arriba a bajo, lo que me hizo sentir incomoda. Él alzó un sujetador de encaje que sostenía entre sus enormes manos.
-No creó que esto me sirva.-Dijo refiriéndose al sujetador.
-¿Entonces que haces?-Volví a preguntar. Soltó el sujetador en el cajón y se acercó a mi, despacio.
-¿Como te llamas?-Preguntó ignorando mi pregunta. Me costaba respirar a medida que se iba acercando. Se encontraba frente a mí, demasiado cerca, su dedo pasó por mi mejilla apartando un pechó de cabello y estacionándolo detrás de mi oreja.
-No te acerques.-Mi voz parecía un poco atemorizada, a lo que él se rió.
-Valla, no parecías tan tímida cuando te he observado antes.
-No soy tímida.-Dije, pero mi voz decía lo contrario.
-Vete.-Dije. Él me miró de arriba a bajo una vez más y salió por la puerta. Solté el aire que no sabía que había estado conteniendo, y me puse de espaldas a la puerta. ¿Qué había pasado? ¿Por qué no había reaccionado? Me había comportado como si estuviera... ¿Asustada?
Me quité el vestido deslizándolo por mi cintura hasta llegar a mis largas piernas, sustituyéndolo por unos pantalones cortos. Abrí las puertas de mi armario para buscar una camiseta, pero ninguna me convencía.
La puerta de mi cuarto de abrió, pero no la oí. Di un brusco giro de cabeza al sentir a alguien más en la habitación.
-Oye no me has dicho tu nom..-El chico se quedo parado en la puerta con los ojos abiertos al ver que no llevaba puesta la camiseta.-Wow.-Dijo descaradamente, y rió al ver mis mejillas enrojezer.
-¿Qué quieres?-Pregunté cortante. Cerró la puerta y se sentó en la cama, en mi cama.
-Solo quería saber tu nombre.-Dijo inocentemente. Volvió a mirarme de arriba a bajo, doblando la cabeza para visualizar lo que escondía debajo de los shorts.
-He de decir, que he batido un record, solo hace dos minutos que te conozco, y ya te tengo sin camiseta.-Me guiñó un ojo. No sabría decir si era que está vez se encontraba más lejos de mí, pero pude reaccionar.
-Imbécil.-Dije. Él se echó a reir, hacia delante y hacia tras.
-Vete de mi cuarto.-Dije señalando la puerta. Ignoró mi voz y se tumbó en la cama, sosteniendo mi móvil entre sus grandes manos.
-¿Qué haces?-Dije.
-Estoy guardando mi número.-Respondió.
-No quiero tu número.- Él rió.
-Valla, parece que estás más animada.-Me miro a los ojos, haciendo que existiera una conexión entre nosotros. -Si no lo quieres luego puedes borrarlo.
-No, no lo quiero, bórralo ahora.-Dije cortante. Volvió a reír.
-Lo que pasa es que yo si quiero tu número.-Saco su móvil del bolsillo y añadió. -Llamada perdida de número desconocido, guardado, pero tengo que guardarte con algún nombre.-Se levantó suavemente de la cama y fue caminando hacia mí, otra vez esa sensación de aceleración se apoderó de mí, y mi respiración estaba agitada.
-¿Cual es tu nombre?-Dijo juntando su nariz con la mía. Sentí una enorme fuerza de atracción hacia él, y el deseo de besarle me comía por dentro, sus labios eran rosados y tenía la boca ligeramente abierta.
-Valentina.-Murmuré. Las comisuras de sus labios se estiraron, dejando ver sus perfectos dientes blancos. Agarró el puente de mi sujetador negro, y tiró de mí hacia él, dejando sus largo dedo entre mi pecho. Me aparté de él y le abofeteé el lado derecho de su mejilla.
-Aléjate de mí.-Le ordené. Se rió, esto para él parecía un juego, pero yo no me estaba divirtiendo.
La puerta se volvió a abrir, y Dan se encontraba tras ella, el chico se dio la vuelta y se estacionó justo delante de mí, para evitar que Dan pudiera ver la poca ropa que llevaba.
-Valentina, ¿Que haces?-Dijo Dan, girando la cabeza para tener una mejor visión, el chico pareció darse cuenta.
-No la mires.-Le dijo desafiante. Dan puso sus ojos en el chico y contestó.
-¿Y tú si puedes?-Dijo riéndose y moviendo la cabeza para encontrar mejor visión. Él chico se acercó hasta Dan, apretando los dientes con fuerza.
-Te he dicho que no la mires.-Lo dijo tan fuerte que pareció meterle miedo a Dan.
-Vale, vale.-Dijo, y salió por la puerta. El chico se dirigió a mí.
-Por cierto, me llamo Harry.-Me miró una vez más y desapareció por la puerta.



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